domingo, 6 de enero de 2008

Buenas conciencias

En mi pueblito hay una iglesia encima de una pirámide, borrachitos en la calle, fiestas patronales, pero eso está pasado de moda. Al diablo los pueblos mágicos, lo de hoy es la moda trendy.
Las buenas conciencias han decidido que para llevar a mi pueblo al siglo XXI, lo mejor es llevar unos bloques de metal enormes que tapen la iglesia, al diablo con las iglesias, de todas formas a quién le gustan las iglesias en estos días. Lo de hoy es reutilizar objetos, para crear arte moderno, por que a las buenas conciencias les gusta el arte.
Estos contenedores enormes de metal cumplen un propósito bien conciente, dar vivienda y comercio alternativo y fashion, al diablo a los caseros que rentan sus casitas con la extraordinaria ingieneria cholulteca y sus colores raros, a quién le gusta ahora vivir en una casa de concreto, y además barata, lo de hoy es pagar una astronómica renta de un cuarto de metal, por que es alternativo buena onda.
Y es que las buenas conciencias piensan en todo, porqué la gente tiene que comer, cortarse el pelo, comprar ropa "inn" alternativa, claro "de comercio justo", y lo más vital, tatuarse, todo lo anterior en un sòlo lugar, así que al diablo las quesadillas de diez pesos, los cortes de cincueta, la ropa de segunda, y los tatuajes de henna, son baratos y no son alternativos.
Y por si fuera poco, las buenas conciencias han creado una zona en donde todas las personas por igual puedan entrar y convivir, de preferencia tienes que tener cierta capacidad de adquisición, y probablemente un poco de estilo, al diablo los pueblerinos, que estaban ahí primero.
Esas buenas conciencias, siempre pensando en todo...

Esos lugares insignificantes....

Búscame en la pérdida total de tus sentidos, en la distancia media entre el dedo y tu ombligo, en la noche interminable, en tu sueño repetitivo, en tu mentira habitual, en tu risa comprometida, en tu uña más larga.

Aire

Y así, sin más, regresaste. Y el cuerpo volvió a tener forma.

Enfoques

En el punto donde las luces divergen, en ese momento carente de sonido e imagen; en ese segundo eterno que gasta las ansias, en ese umbral de falsos sueños y extremas realidades, ahí me encuentro. Algunos románticos lo llaman transición, algunos científicos evolución, algunos filósofos lo llaman existencia, algunos químicos transformación, algunos lo llaman madurez, y otros preferimos llamarlo locura.