Después de tanto tiempo pude descifrarte.
Eres un mito, un rostro doble. Existes en un estado más fluido y más flactuante que mí mundo teórico de cosas y propiedades, de sustancias y accidentes. La naturaleza no existe en tus ojos, tu mundo es dramático, de acciones, de fuerza, de poderes en pugna. No tienes un aspecto habitual, cambias de fisionomía con la pasión, con el odio y el amor, con el temor y la esperanza.
En mi mundo, no puedo negarte ni prescindir de tí, pero ya conozco el derecho relativo de tus cualidades, y es por ello que puedo abandonarte y dejar atrás la primera etapa rudimentaria de mi camino hacia la realidad.
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